04 agosto 2012

Durante el velatorio de Nicolás Mancera

Durante el velatorio de Nicolás Mancera, al evocar en voz queda a uno de los mejores showman que ha tenido Argentina, uno de los amigos allí reunidos recordó que también poseía el don de la clarividencia. No cabía otra explicación para que hubiera presentando a Diego Maradona como a la «gran promesa del fútbol nacional», cuando aquél era apenas un chico de 10 años, que chutaba un balón de trapo en los potreros de Villa Fiorito.

La anunciación de Sandro, germinal cantante de fiestas de cumpleaños, como «el futuro gran ídolo argentino», fue otro de sus aciertos sobrenaturales. 10 años más tarde, en la cúspide de su fama, Sandro le regaló un reloj de diamantes del tamaño del Big Ben de Londres. «Usted me dio la oportunidad de mi vida», le dijo el cantante a Mancera. El talentoso periodista y conductor de TV falleció el pasado 29 de agosto a causa de un fallo cardiorrespiratorio a los 80 años.

Había nacido el 20 de diciembre de 1930 en la casa de sus padres en Buenos Aires y la partera, al verlo tan quieto, diagnóstico lo siguiente: «Éste va para poeta». De adulto, Pipo reconoció que escribía versos «tan malos que me avergonzaba al leerlos».

El espacio donde derrochó su talento y descubrió el de otros se llamaba Sábados Circulares y fue el primero en el género de los «programas ómnibus» que lanzaba la televisión nacional. Este tipo de programas incluía desde animales amaestrados hasta entrevistas con grandes figuras de la política o del espectáculo.

El estreno fue el 6 de enero de 1962. Mancera había pedido, con gran descaro para la época, un espacio ininterrumpido de una hora y media. Le dieron cinco horas y el futuro conductor se quedó mudo, pues no sabía de dónde sacar tela para tantas horas. «Estaba tan asustado que en el primer programa yo mismo hice un número de escapismo mágico. Imitando a Houdini, me sumergí en el Río de la Plata atado de pies y manos. Fue un amago de suicidio artístico», contó.

Más tarde, transferido al Canal 13, Sábados Circulares tuvo ocho horas de duración y por el estudio desfilaron grandes figuras del espectáculo como la tanguera Tita Merello, Alan Delon y la formidable actriz Anita Ekberg, cuando hizo soñar a medio mundo, emergiendo de la Fontana di Trevi. En 1970, la audiencia argentina -enorme, aunque en esos años no existía la obsesión por el rating- conoció a un joven trovador de pelo largo que hablaba con un marcado acento catalán. La primera actuación de Joan Manuel Serrat en el país, que llegó a sentirlo como propio, fue en el plató de Sábados Circulares.

Mancera hizo sus primeros pinitos en el periodismo, que no en la TV, a los 17 años, como reportero todoterreno del diario Noticias Gráficas y, simultáneamente, de la revista uruguaya Film. Fue entonces cuando se enamoró del pequeño país al otro lado del Río de la Plata. «Vivía al acecho de cualquier oportunidad para viajar a la república oriental, mi refugio para las penas y los placeres», contó en una entrevista a Film, ya retirado de esa publicación. Fue un amor premonitorio puesto que por sus ideas políticas, se tuvo que refugiar en Uruguay después del golpe militar de 1976 y durante todos los años de la dictadura en Argentina. En ese oscuro periodo se ganaba los garbanzos como crítico de cine para el diario La Razón. Sus comentarios eran acertados pero de crítico tenía poco, pues como amante indiscriminado del séptimo arte, odiaba tachar una película de «regular para abajo». «Ah, el cine… Durante mi estancia en Montevideo podía ver hasta 12 películas en un fin de semana. No sé cómo no quedé ciego después de esas palizas cinematográficas», contó a la prensa.

El de periodista fue su molde original, más allá del showman que llegó a labrar con el tiempo. El 11 de abril de 1954 se paró por primera vez ante las cámaras. «Por tres o cuatro minutos comentaba una película. Con tanta vivacidad que parecía que la estaba actuando», contó uno de sus amigos en el velatorio de Nicolás Pipo Mancera.

Nicolás 'Pipo' Mancera, periodista y presentador televisivo, nació el 20 de diciembre de 1930 en Buenos Aires, donde murió el 29 de agosto de 2011.

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